
-¿Abrumado por el «prime time»?
-Siempre que te pones al frente de un proyecto tratas que sea el mejor y que la audiencia comparta contigo la misma ilusión. Todos y cada uno de los que formamos el equipo de «El hormiguero» hemos trabajado mucho, pero estábamos muertos de miedo.
-¿Cree que ha revolucionado la parrilla televisiva?
-No hay que exagerar. Simplemente hemos puesto mucha ilusión y por ahora estamos saboreando las mieles del éxito.
-Todo eso que me dice está muy bien, pero algo tendrán...
-Trabajar mucho y cada día poner la misma ilusión. Eso y divertirnos con nuestro trabajo, tratando de contagiar esa ilusión al público. Eso es lo más difícil de la tele.
-¿Qué parte del éxito de «El homiguero» tienen los peluches Trancas y Barrancas, sus compañeras en la presentación del programa diario?
-Son las grandes estrellas. Ellas nos permiten en cada programa mostrar dos planos diferentes de ver la vida.
-¿Dicen ellas aquello que ustedes no se atreven?
-Ellas despiertan el lado infantil que todos tenemos y hacen que nuestros invitados se sientan más relajados.
-¿Dónde se lo pasa mejor, en las entrevistas o con los experimentos de Flipi?
-Este programa ha nacido para sorprender a diario a la audiencia. Me siento muy orgulloso de tener la oportunidad de hacer cada día un espacio diferente. Me lo paso bien en todo momento y disfruto como un crío.
-La inclusión de Toño, un tetrapléjico, en su programa ha levantado polémica.
-Toño forma parte del equipo de guionistas y nadie le ha forzado a salir. Puede parecer una bestialidad, pero sus apariciones son un bofetón de realidad. Queremos dar oportunidades a todos, pero cuando no salen rubios y con los ojos azules surge la crítica.
-¿Hace lo que le gusta?
-Siempre soñaba con un programa como éste. Ahora paso las noches en blanco.
ABC.
ABC.
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